martes, 28 de octubre de 2014

Yesterdays

Pues hace bastante que no escribo en el blog y la verdad es que han pasado cosas durante esta temporada. Bici, viajes, amigos, conciertos y fútbol…

La verdad es que soy un tipo afortunado, a veces nos quejamos de la rutina, pero siempre que sea una rutina llevadera y más o menos placentera, es señal de que la cosa va bien y eso es muy importante, más aún en los tiempos que corren por eso sólo mencionaré algunas cosillas que me han pasado fuera de lo que considero “normal”.

Seguro que se me olvida algo, pero eventos que me han ocurrido estos meses y que me han provocado, satisfacciones, alegrías, momentos de euforia, reencuentros, etc… han sido los que mencionaré a continuación.

Primero comentar que como soy un culo inquieto, he vuelto a cambiar la configuración de la Bloom. Ha pasado a su estado más “comercial”; marchas, suspensión… para volver a la horquilla rígida de titanio; qué le voy a hacer?, en esto de la bici soy un poco fuck the system o como decían los Minor Threat out of step (suena un pelín pretencioso no?; jajaja). Además he variado la transmisión al monoplato y he modificado el casette con un piñón de 42 y sustitución de los de 15 y 17 por un 16 (concretamente el kit de One Up) y va de fábula.



Aprovechando la Semana Santa, decidí pasar unos días en Málaga y por supuesto, había que quedar con mi amigo Josemi, que me preparó una ruta por la zona de Los Montes de Málaga.

Hacía mucho tiempo que no me pasaba por Málaga (cerca de dos años), me di cuenta que cada vez me gusta más esa tierra y periódicamente la necesito. Son muchos recuerdos de veranos enteros de la niñez, adolescencia y juventud... El día que llegué se jugó la final de Copa del Rey con victoria del Real Madrid, golazo épico de Bale y partido de infarto, con lo que los presagios de mi estancia no podían ser mejores.

La ruta fue genial. Ruta tranquila por pistas y senderos, con un paisaje, una compañía y unas máquinas increíbles. Charlamos de lo divino y lo humano mientras acumulábamos metros de subida, respiramos ese aire donde se mezcla el olor del mar y la montaña y llegas a la conclusión de que podrías pasar el día así, pedaleando hasta que tus piernas digan basta; puro Soul Biker; pura vida!!!



La guinda a ese pastel, fue un bocata de lomo en manteca, algo típico de la zona, que se te saltaban las lágrimas; menudo manjar!!!. Unos ciclistas que estaban allí alucinaron al ver dos titanios y nos preguntaron varias cosas sobre nuestras bicis.



Después de un rato de charla y montones de elogios a nuestras monturas (siempre te hincha el ego que algún desconocido piropeé algo que verdaderamente aprecias, aunque para algunos sólo sean unos pedazos de metal soldados y ensamblados).

Nos despedimos Josemi y yo, esperando que el tiempo que pase hasta el siguiente reencuentro, sea lo más breve posible. Como siempre gracias, maestro!!!



Otro acontecimiento reseñable fue mi participación en la Marcha de Colmenar Viejo. Prueba mítica dentro de la Comunidad de Madrid que forma parte del Open de la misma. Evidentemente, yo tomé parte en la cicloturista…

       


Es una maratón de 70 kilómetros con una primera parte bastante pistera, una segunda variada, conde vamos constantemente cruzando riachuelos y una última con la mítica bajada al puente de la Marmota, divertidos senderos y una última zona bastante trialera tanto en subidas como en bajadas que te deja bastante hecho polvo, porque está dentro de los diez últimos kilómetros y las fuerzas están justas.

       


Yo me hice la prueba en cuatro horas y media escasas; evidentemente no es un buen tiempo, pero aluciné al ver que el tipo que ganó la prueba, se lo hizo en dos horas menos!!!.

       


De todas formas es una bonita prueba muy bien planificada a pesar del gran número de participantes, con unos buenos avituallamientos y un personal muy atento y amable con los corredores.

Estoy pensando para el año que viene correr el Open de Madrid completo en la modalidad cicloturista. El único coñazo es que hay que sacarse la licencia federativa de un día para correr y las retiradas de dorsal son un poco “infierno” (a lo mejor me compensa federarme…bueno, ya veré)

Otro acontecimiento marcado en mi agenda fue el concierto que dieron los norteamericanos The Queers en la sala gruta 77. El mítico grupo que lidera Joe Queer (alma mater, fundador, verdadero factótum y único miembro de la banda desde sus orígenes) hace un punk rock que sintetiza lo mejor de los Ramones con los Beach Boys.

Ya los había visto varias veces en Madrid, pero tenía ganas de volverlos a ver. Celebraban el 20 aniversario de su increíble “Love songs for the retarded” con lo que estaban garantizados temas clásicos del grupo como así fue.



Además, la sala Gruta 77 me encanta. Sala pequeña con buena acústica y una barra con precios no demasiado desmadrados los días de concierto.
Al ser un jueves y el poder de convocatoria que tiene el grupo (dentro de que son un grupo de punk rock) me esperaba un llenazo a reventar, pero debió influir la extensa gira que iban a dar por España con lo que sólo estaría la ”parroquia” de Madrid y se podía disfrutar del concierto plenamente.
Me lo pasé como un enano debajo del escenario participando de los pogos que se montaban, en los que casualidades de la vida me encontré a mi primo Alberto que vive en Amsterdam y esos días se encontraba en Madrid visitando a unos amigos.

Después un par de copas con los amiguetes puse rumbo a casa que al día siguiente había que madrugar para llevar a los niños al cole y a currar.

Otro suceso que quedará marcado durante mucho tiempo en mi retina y en mi cabezota fue la décima Copa de Europa o como dicen ahora (Championslig) del Real Madrid. Creo que nunca lo había mencionado, pero soy un forofo del Madrid, aunque me valga odios eternos jejeje.



Durante muchos años fui socio y no me perdía un solo partido hasta que me casé, los niños pequeños…ya se sabe.

Ahora que mi hijo mayor es un fanático del futbol (y gracias a Dios) es del Madrid, estoy experimentando una vuelta al fanatismo que me divierte mucho. Es increíble como los sentimientos y pasiones por un club unen a dos personas de una forma tan intensa. He disfrutado de alegrías, derrotas, euforia y decepciones de una forma que no lo hacía en mucho tiempo. Creo que he perdido pelo y he envejecido seis años en una sola temporada.



El partido es de sobra conocido y el resultado también, pero fue algo único e irrepetible por el número redondo, LA DÉCIMA y por lo histórico de que dos equipos de una misma ciudad se enfrentaran en toda una final de la máxima competición europea.

Salidas con mi amigo Noel con el que siempre mola compartir unas horas de ciclismo y unas cuantas cervezas heladas.





Después del verano sufrí una rotura del peroné; una lesión realmente tonta jugando al fútbol, con lo que pasé largas horas viendo películas, series, lecturas, concierto de Supersuckers (posiblemente y con permiso de Lemmy y Motörhead) la mejor banda de Rock del mundo, etc…



Ahora de nuevo (después de dos meses y con ciertas precauciones) vuelvo a la carga con las pilas cargadas y recuperando el “monazo” que tenía disfrutando más si cabe de cada pedalada y del disfrute del campo y los paisajes que tanto echaba de menos.



ON THE ROAD AGAIN!!!


jueves, 27 de marzo de 2014

Monster Bloom

Nunca he tenido claro qué es una Monster cross?. No sé si es una ciclocross con ruedas más anchas, una bici de montaña con manillar de carretera, una bici diferente con una geometría y características especiales, etc… De hecho en algunos foros y sitios donde he mirado el concepto tampoco está muy definido y hay disparidad de opiniones.

Por lo tanto yo defino mi creación como Monster Bloom. Monster en el sentido clásico de la palabra “Monstruo – Ser que presenta características ajenas al orden regular de la naturaleza”. Así que tratándose de mountain bike, he creado un pequeño monstruo.

El punto de partida es una foto que me pareció muy inspiradora. Eran dos bicicletas Baum (casi nada) con unos drop bars, encintados en cuero marrón y unos sillines Brooks, que junto al titanio, frenos mecánicos, horquillas rígidas etc… me hicieron alcanzar una catarsis ciclista inmediata.


El causante de esta repentina enajenación había sido mi amigo Noel que se quería montar una Monster a partir del cuadro de su Kona Unit y me había mandado la foto anteriormente mencionada. Me puse en contacto con él y le dije que yo quería algo como la foto de las Baum. Al principio pensó que estaba de coña (porque cree que soy una especie de endurero atrapado en una bici rígida de titanio; nada más lejos de la realidad) y que no me iba a gustar montar en una bici de esas características. Tras insistir un poco y decirle que iba completamente en serio le pedí que me indicase sitios para conseguir los cachivaches necesarios para el montaje a buen precio. Es un auténtico zahorí de piezas y componentes ciclistas y es capaz de encontrar cualquier cosa que necesites al mejor precio.

Removiendo Roma con Santiago me consiguió sillín, cinta, potencia y manetas de freno a un precio bastante de chiste. En principio era sólo para probar, así que no me quería gastar una gran cantidad de dinero, pero por otra parte las piezas que me gustaban algunas de ellas no eran precisamente baratas. Pues él se las arregló y en tres días tenía el sillín Brooks B17, la cinta de cuero Brooks y las manetas y una potencia muy corta y de diferente ángulo (positivo-negativo) para ir corrigiendo posiciones respecto al nuevo manillar que acabaría siendo un Salsa Woodchipper de segunda mano en un estado impecable y a un precio muy bueno.
Quería detenerme en dos de las piezas fundamentales sobre las que gira el montaje.



-Sillín Brooks B17 Narrow en color Antique Brown( con la cinta de manillar de cuero Brooks a juego). Lo primero que impacta es la presentación de la caja con su librito de instrucciones y demás parafernalia; pura elegancia y tradición inglesa. El sillín es  el modelo más antiguo del catálogo actual de Brooks con más de un siglo de existencia. Materiales de primera, hecho a mano en la vieja fábrica de Birmingham… aunque pesa más de medio kilo


-Manillar Salsa Woodchipper 2 La verdadera personalidad de esta bici la marca este manillar. No es un manillar puro de carretera, es un drop bar off road un poco más ancho que uno convencional y permite unas posiciones para no ir tan forzado como con un manillar puro de carretera.


Una vez con todo el material en nuestras manos llegó el momento del montaje. Lo hicimos en el garaje de la casa de Noel, lo cual sirvió para pasar una agradable mañana de colegas y bicis.
La lástima es que por las prisas y tal no pudimos hacer una ruta de prueba; la cosa tendría que esperar al día siguiente.


La prueba de fuego fue una ruta por Villanueva del Pardillo y Valdemorillo.
Al principio las sensaciones eran muy raras; el sillín de cuero sin base es duro como una piedra y resbala. El manillar es muy extraño (sobre todo para alguien como yo que nunca ha montado en una bicicleta de carretera), pero la experiencia pese a todo no me disgustó, me parecía muy divertido afrontar bajadas con esa posición tan lanzada y en ocasiones suicida y subiendo aunque los brazos iban muy juntos ayudaba a un pedaleo eficiente y no era para nada incómodo.


Tras unas cuantas salidas me empecé a desenvolver mucho mejor, bajaba a una velocidad aceptable con una posición menos forzada y con muchas menos molestias en las manos (al principio me dolían muchísimo).
Por su parte el sillín se iba adaptando progresivamente y resultando ciertamente cómodo. En cuanto el cuero “rompe” y se va adaptando, sientes una agradable sensación de amortiguación y desaparece esa sensación de superficie resbaladiza. Dicen que con el tiempo hay que tensar el sillín con una llave especial que trae para que no se doble en exceso y además tiene mantenimiento con grasa (la piel se supone que es un tejido “vivo”).


Dejando aparte la faceta técnica, es una configuración que me gusta mucho. Piezas visualmente muy potentes y fuera de lo común en una bici de montaña actual pero que rebosan elegancia. Te puede gustar más o menos un B17, pero sabes que es algo de calidad y respira historia del ciclismo por los cuatro costados.
Las formas clásicas del cuadro, los componentes y los colores le van como anillo al dedo a ese aire british que tiene Brooks.



Una bicicleta, en definitiva para hacerte disfrutar cuando vas montado encima de ella y cuando bajas…


miércoles, 26 de marzo de 2014

Bloom Custom Fork

Desde que puse la horquilla Salsa, cada vez me gusta más ir con rígida y dejar aparcada la suspensión. La estética, el volver a los comienzos, la simplicidad; yo que sé...

La Cromoto es una claro ejemplo de BBB (bueno, bonito y barato), pero ya que me encontraba tan a gusto con una horquilla rígida, decidí dar un nuevo paso y hacerme con una horquilla de titanio custom.

Por propiedades del material y por estética, creía que era la mejor opción para seguir completando una bici de capricho como es mi Bloom.



Nuevamente recurrí a mi amigo Josemi (al que tengo martirizado) y se diseñó una horquilla de corte clásico al estilo p2 de kona con unas buenas barras para evitar problemas (porque esta horquilla se va a llevar lo suyo), falta de rigidez, etc…



Medidas de  470 ac, con lo que la geometría queda prácticamente clavada a la Cromoto dando unos ángulos con los que estoy bastante a gusto.

El soporte para la pinza de freno es una preciosidad; igual que el que utiliza Steve Potts en sus Type II.
La realización fue nuevamente en XACD y el resultado, espectacular. Una horquilla “full” titanio con unos acabados increibles en soldaduras y tratamiento sandblast para que quedase uniforme con el cuadro. La horquilla es tan bonita en su forma y material que decidí no poner pegatinas ni nada similar que rompiese la estética tan potente que tiene por sí misma.



Ahora sólo quedaba instalarla y probarla.

El resultado es buenísimo. No deja de ser una horquilla rígida, pero el titanio absorbe muy bien las vibraciones con lo que rodar en pistas no demasiado bacheadas es una gozada y cuando la cosa se pone complicada, pues a amortiguar con los brazos, a elegir trazada y a poner toda la carne en el asador (como con cualquier horquilla rígida).



La rigidez es bastante buena con lo que no hay sustos, extraños y comportamientos raros, lo cual se agradece y con unos neumáticos acordes y las presiones adecuadas, se puede bajar muy, muy fuerte con total seguridad.


En definitiva un complemento magnífico para una bici magnífica. No pienso renunciar a la suspensión pero desde que esta pieza está conmigo (diciembre), no ha sido todavía desmontada de la bici y de momento no tengo ganas de quitarla. Esto crea adicción; ¿Será grave doctor?.


miércoles, 30 de octubre de 2013

MTB 4 Estaciones Ruta Imperial (PURO MTB)

Última prueba y “guinda” del Circuito MTB 4 Estaciones. Sobre el Papel  la más larga difícil y técnica de las 5 marchas con más de 1600 metros positivos de desnivel, cerca de 70 km y un recorrido realmente endiablado tanto en subidas como en bajadas sin apenas dar un solo respiro al biker.

La prueba estaba programada para el día 27 de octubre y durante los días previos había llovido torrencialmente en Madrid prácticamente hasta el sábado por la mañana con lo que nos temíamos que el terreno podría ser un problema añadido a una ya de por sí dura prueba.

No llegaba en el estado óptimo para afrontarla con varias semanas de parón ciclista por diversas circunstancias y una semana donde los virus no me respetaron demasiado.

Así las cosas acudimos el domingo 27 mi amigo Javier y yo a San Lorenzo del Escorial con un día inmejorable en lo climático. Sol radiante y temperatura ideal para practicar Mountain Bike.

La salida de la marcha larga, estaba programada para las 9:30 y el ambiente era espectacular. Más de 2000 bikers(todos los dorsales agotados para las tres marchas) en el marco incomparable de la Lonja del Monasterio de San Lorenzo del Escorial. Eso sí separados según  las distancias a cubrir. Los primeros estábamos los de la marcha larga y después los de la marcha media divididos en 2 tandas, de la cantidad de gente que se había apuntado y por último los de la marcha de 15 km que serían los últimos en salir.


A las 9:30 con puntualidad británica como en las anteriores pruebas se da la salida y  apenas tras  200 m recorridos, primer tapón porque a balón parado y sin comerlo ni beberlo comienza la subida al alto del Malagón por los rampones de las calles de el Escorial en dirección a la pista forestal. Los tapones no son serios y enseguida el grupo se empieza a estirar hasta formar un goteo constante de corredores . La subida al Malagón es dura con algunas rampas cuyo porcentaje supera el 20% y con tramos más tendidos que daban un respiro para poder mantener el ritmo. Algo que no me gustó es que la pista forestal (asfalto bastante destrozado) estaba abierta al tráfico rodado incomodando muchísimo la ascensión  porque el camino es bastante estrecho, con coches en ambas direcciones (subida y bajada) y 700 ciclistas dándolo todo en las rampas. Incluso se llegó a vivir algún momento de tensión entre ciclistas y conductores. Una vez coronado el alto del Malagón, se sigue ascendiendo esta vez por pista de arena en subida y posterior bajada dirección a Robledondo.


Aquí comienza una bajada nueva, anunciada como muy técnica y que me recordó a lo sucedido en la Rocosa. Sendero muy estrecho y técnico para meter a 700 ciclistas que el Malagón no había conseguido estirar tanto como para que circulasen fluidamente; consecuencia tapón infernal y en mi opinión “cagada de la organización”. La bajada es espectacular con tramos realmente comprometidos pero no aptos en ningún caso para una marcha tan multitudinaria. Resultado, pateo durante largas distancias en fila de a uno y consiguiente mosqueo del personal. En el tramo final la cosa parece mejorar y hay una bajada realmente empinada que mal que bien se puede realizar casi del tirón, porque el miedo es libre y alguno de los que van por delante se puede parar en un momento dado.

Llegamos al puente de la Aceña  donde se toma una pista que terminará en una dura y técnica subida con agua barro y piedras para dar y tomar. Esta es la zona en peor estado de toda la ruta, que a pesar de las lluvias de los días anteriores está con un terreno perfecto, con un agarre óptimo como daremos cuenta más adelante en las bajadas que nos esperan.

Después de esa subida, continuo sube y baja hasta la carretera M583 donde pondremos rumbo a Santa María de la Alameda. Aquí  cruzamos el río (con mojada de pies incluida) y afrontamos otra nueva subida hacia el avituallamiento.


En este punto, me doy cuenta que si bien no hay síntomas de desfallecimiento ni cansancio más allá de lo normal, noto la falta de bici y las secuelas de un virus estomacal de los días previos. Voy bien, pero me falta esa explosividad y el “puntillo”, así que procuro hidratarme a fondo, comer y dosificar puesto que queda mucha carrera y partes realmente duras que me van a exigir hasta prácticamente el límite.

Una vez abandonado el avituallamiento nos adentramos por pinares en dirección a Valdemaqueda. Bajadas rapidísimas y divertidas se intercalan con tramos de senderos y algún que otro hachazo que castiga.


Encaramos Valdemaqueda por senderos de subida exigentes y alguno de ellos realmente imposible (incluso sería imposible de bajada) en los que de nuevo toca pateo en fila, pero son cortos y en seguida nos ponemos en marcha.

Después toca una bajada de sillín al pecho en dirección al rio Cofio que hay que cuzar y donde llegamos a una cancela que está cerrada y hay que pasar por un pequeño hueco en la verja donde un integrante de la organización va pasando las bicis por encima de una en una; un 10 para este chico que gracias a su esfuerzo consiguió que la marcha fuese realmente fluida.

Nueva subida fuerte con alguna trialera y su correspondiente tramo de pateo hasta conectar con la pista que dirige hasta Robledo de Chavela.

Aquí paso de cebarme porque el tramo anterior castiga a conciencia y todavía faltarán casi 20 km.
Parada en Robledo de Chavela, hidratación, comida y colocar el sillín que se me ha movido en alguna bajada al cargar el peso y me está fastidiando el culo.

Salimos y en seguida comenzamos la subida. Al principio tendida con algún pequeño repecho durante aproximadamente tres km y después del desvío hacia la Cruz Verde la subida se torna realmente matadora. Muchos km, muchos metros de desnivel y rampas realmente duras y técnicas donde se alterna el molinillo y el pateo y donde te empiezas a encontrar a los bordes del sendero bikers descansando de la dureza de la ruta y algunos con los primeros síntomas de calambres.


Una vez en la cima se inicia una bonita bajada por los “Rápidos de zarzalejos”. Al igual que en la Ruta de los Vinos se señalizan las bajadas peligrosas lo que es de agradecer para tomar conciencia de que hay que tener cuidado y no pagar posibles “alegrías” bajando.

Se llega a las vías del tren y pista en falso llano a Zarzalejos donde estará el último avituallamiento que no hay que desperdiciar. Las piernas están cargadas, las fuerzas no sobran y por delante todavía quedan 12 km.


Pasamos Zarzalejos y nos desviamos por la Calzada Romana. Camino muy bonito que empieza con subida (alguna de ella técnica) que posteriormente alternará todo tipo de terrenos, donde predominan las piedras y donde nos toparemos con alguna trialera corta pero de las duras donde hay que poner los cinco sentidos.


Una vez acaba la calzada, pista y posterior desvío por una dehesa preciosa en dirección a la carretera de El escorial a Robledo. La cruzamos y afrontamos la última parte. Ya se ve el Monasterio y nos dirigimos a él por la cuesta de la calleja. Una subida no demasiado fuerte pero que ataco con el plato pequeño. Las fuerzas están al límite, las piernas muy, muy cargadas así que no hay que cebarse. Son más de 5 horas subido a una bici en movimiento, así que saboreo estos últimos metros  consciente de haber terminado con éxito una de las rutas más duras que se realizan actualmente en la Comunidad de Madrid.

Finalmente cruzo la meta levantando los brazos como si hubiese sido el ganador, donde me está esperando mi amigo Javier con el que he compartido toda la ruta pero que al final le dije que tirase porque estaba un “punto” por encima de mí.



Para hacerse una idea de la dureza cuando llegamos, había participantes que todavía no habían llegado al último avituallamiento (y eso que había horarios de corte en diferentes partes del recorrido)
Recogemos la bolsa del corredor, mi maillot de Finisher de las 5 pruebas y damos buena cuenta de la paella y algunas botellas de agua.


La tarde está genial pero es hora de irse.

Para el próximo año pienso en otros retos diferentes a las 4 Estaciones, pero seguramente esta prueba la repita porque la mejor manera de definirla es ¡¡PURO MTB!!.

jueves, 10 de octubre de 2013

Los Cortados de Rivas (Single Speed Crew)

Al contrario de lo que decía Bob Geldof, me encantan los lunes.

En algo debe influir que ese día no trabajo y lo tengo libre para mí (al menos las mañanas).

Este pasado lunes quedé con mi amigo Noel para dar una vuelta con nuestras bicicletas en single speed. Puede parecer mentira, pero nunca había visto además de la mía otra ss en directo, y mucho menos compartir una ruta.

El ss en España y concretamente en Madrid, es algo marginal dentro de los practicantes del MTB. En ciclismo urbano junto con su primo hermano el piñón fijo, está bastante extendido.

Bueno, no quiero aburrir con ese tema porque ha sido citado muchas veces, pero puedo asegurar que no es cuestión de snobismo ni copia de ninguna moda friki de los USA, sino una disciplina que proporciona momentazos como los vividos el pasado lunes.

Noel hace pocos meses que tiene la ss; una bonita Kona Unit en un espectacular acabado “Raw” y creo que tiene el veneno metido dentro. Es un apasionado de la bicicleta y le encanta todo lo relacionado con la bici de montaña sobre todo las de titanio o acero (aunque alguna vez le he visto pecar con el carbono y el aluminio), sabe un montón del último componente, el último adaptador y la última “puñetita” para acoplar a tu bici, además de tener la base de datos con las fotos de las máquinas más bonitas que te puedas imaginar y es conocedor de un montón de marcas y fabricantes custom desde USA a la República Checa. Incluso diré que tiene pinta de ciclista y todo, no como yo.



Habíamos quedado en su zona (Mejorada del Campo) que queda un pelín lejos de donde yo vivo. Cuando llegue a su casa montamos las bicis pero tuvimos un pequeño contratiempo con el obús de la válvula de mi rueda delantera y acabamos saliendo a una hora bastante tardía.

Tras estos pequeños contratiempos empezamos la ruta. A pesar de que Noel decía que me iba a aburrir, que su zona es un secarral y un planisferio etc.. se sacó una ruta que a mí se me hizo bastante entretenida. Empezamos sendereando por la rivera del río Jarama. Es una gozada ir por senderos al ritmo que da tu desarrollo y disfrutar de los caminos y paisajes de ese río, incluido un viejo puente por donde pasaba el ferrocarril y que actualmente está abandonado.



Afrontamos los cortados de Rivas. Imponentes desde abajo y que son un constante sube y baja que con el calorcito y alguna rampa infernal se hacen duros por momentos.

Desde arriba se pueden ver las lagunas , la vega del Jarama y una panorámica de la zona.


Seguimos por los cortados dirección otra vez a Mejorada Cruzamos un puente de hierro también abandonado y comenzamos un segundo bucle mucho más pequeño entre olivos  y en sube y baja por una suerte de pista que según mi acompañante apareció de la noche a la mañana por obra y gracia de un tractor. Anteriormente era un camino mucho más pedregoso.


Nos encontramos también con algún que otro repecho “durete” y una carretera inacabada y desierta que daba un cierto aire fantasmal y apocalíptico a la escena. Parecía sacada de esas pelis donde todo está abandonado y sin rastro del ser humano tras un apocalipsis nuclear o un holocausto zombi.

Finalmente llegamos a nuestro destino, tomamos un refrigerio y adecentamos las bicis con un buen lavado. En total unos 50 km y 1000 metros de desnivel. Pero lo mejor es rodar con una buena compañía, en single speed (a buen ritmo eh!!) disfrutando del entorno, del esfuerzo de cada pedalada y de momentos irrepetibles de camaradería que sólo puede proporcionar la salida con este tipo de artefactos.



Esta semana vuelvo a las marchas y las suspensiones, pero seguro que no pasará mucho tiempo hasta repetir una nueva salida conjunta en Single Speed… Noel, me debes una y esta vez la ruta la elijo yo.

martes, 8 de octubre de 2013

Bikeweekend Las Rozas 2013 (Less Gears More Beers)

Cuarta prueba del circuito MTB 4 Estaciones. Por delante 64 km (se anunciaban 60) de pistas, senderos y alguna trialera conocidas. La prueba se realizaba donde yo vivo y son lugares habituales que han formado cientos de veces parte de mis rutas.

Todo esto puede sonar a algo en principio no muy excitante, pero para mí suponía un reto, puesto que lo iba a afrontar con una sola velocidad (Single Speed).

Para los no iniciados, en esta modalidad, puede resultar a priori una locura y muchos llegan a pensar que gran parte del recorrido no es factible; nada más lejos de la realidad…

Muchos se sorprenderían de los desniveles que se pueden subir y las rutas que se pueden hacer sin estar hecho un toro. Es otra forma de pedalear, de afrontar el recorrido y de mentalizarte.

Llegué al Pinar de Navalcarbón una media hora antes del comienzo de la carrera. Parkings muy cómodos y con plazas en cantidad suficiente. Además los participantes se dividieron en dos días. La marcha corta el sábado y la larga el domingo. De todas formas había cantidad de gente. Calculo que unos 800-900 bikers.
Ya en la salida mucha gente me miraba con cara rara, incluso había alguno que volvía a mirar para cerciorarse que había un “colgao” que pretendía hacer la ruta sin marchas.

A las 10 en punto se da la salida y nos dirigimos a Rio Chico a la salida de Monte Rozas y tras recorrer algún kilómetro el primer y único atasco del día por un pequeño cortado en subida. Lo malo es que al ser justo al principio y no haber salido en la cabeza me toca esperar un rato. En lo que resta de prueba, no se producirá absolutamente ningún parón (incluidas las trialeras de Valdemorillo).



Llegada a la mítica subida de Rio Chico o el paredón. En sí no es difícil, pero es larga y tiene unos tres repechos fuertes y si no dosificas te puede pasar factura, así que me la tomo con calma y a mi ritmo van pasando los kilómetros. La hago toda del tirón, excepto la última pala corta pero con un buen desnivel y el terreno roto. No es tan problemática por su dificultad sino por la falta de tracción al hacerla en ss.

Una vez llego arriba paso de largo el primer avituallamiento. Pocos kilómetros, poco calor y  por delante un perfil muy fácil que era llegar al pantano de Valmayor por Colmenarejo y rodearlo en gran parte.
A la llegada al pantano, se dio la imagen surrealista del día que consistía en una fiesta rave debajo del puente de la carretera del Escorial mientras pasaban cientos de ciclistas.

Rodear el pantano es siempre bonito, sin apenas desnivel y un paisaje muy agradable. En este tramo sólo hay que reseñar una pequeña subida que se ve recompensada con una bajada divertida en el tramo que une la pista y los senderos estrechos que discurren por la orilla de Valmayor.  En gran parte es el camino del Rally de los Pantanos pero en dirección inversa.



Una vez se bordea el pantano se afrontan unas rampas que unirán con la Ermita de Valmayor y se recorrerá otro tramo de la Clásica de Valdemorillo que incluye las famosas trialeras, no de gran dificultad ni desnivel, pero si la cosa está como el pasado día de fluido, son muy divertidas.

Una vez terminadas, llegamos al segundo avituallamiento. Aquí sí que paro, porque el calor sin ser asfixiante, ya se notaba bastante; pero cual fue mi sorpresa al comprobar que no había isotónica, así que me tuve que conformar con agua y algo de fruta. Es la primera vez en mis participaciones en el MTB 4 estaciones que me ocurre esto y creo que es un fallo gordo, teniendo en cuenta que era la prueba donde más calor haría y la hidratación es algo fundamental.

Una vez salimos del avituallamiento, seguimos por la misma ruta que la Clásica hasta el desvío de Pino Alto y desde allí, bajada frenética por Cuerda Herrera que la han dejado convertida en una verdadera autopista, con lo que si nunca fue una bajada difícil (si rapidísima), le han quitado la pequeña diversión que había en las primeras rampas.

En pocos minutos aparecemos en Puente Caído y cruzamos sin dificultad el Aulencia que lleva poca agua y comenzamos la última subida seria del día que une Puente caído con el camino de Colmenarejo a Villanueva del Pardillo. Aquí las fuerzas empiezan a escasear y la subida a pesar de no tener rampas muy duras, es constante y larga. Ideal para el desarrollo del single speed si tienes fuerzas. Aquí, salvo a los que van sobrados, comienzo a pasar a montones de bikers que no dan crédito a lo que están viendo, e incluso charlo con alguno.

Cuando llego arriba, toca bajar hacia Villanueva del Pardillo. Bajada rápida, pero corta y sin demasiado aliciente hasta coger la pista del Canal. Se lo han currado poco, porque a unos metros de esa bajada hay una mucho más larga y divertida que habría dado un plus de diversión a la prueba.

Una vez llego a la pista del Canal, nos queda un llaneo y pisteo pestosillo hasta el último avituallamiento donde toda la gente que pasé en la subida, me da la impresión de que me vuelve a pasar aquí en el “planisferio” y no porque me falten fuerzas, sino porque es lo que el desarrollo de la transmisión da. Aclaro que en el single speed con desarrollo y bici de montaña, lo que más penaliza aunque parezca increíble es el llano, frente a lo que la gente suele creer que son las subidas.

Llegamos al último avituallamiento, pero hay que parar porque aunque lo que queda no es demasiado largo ni tiene especial dificultad, te puede jugar una mala pasada porque los kilómetros finales desgastan mucho. Aquí si hay isotónica y me bebo un par de vasos mas un gel y algo de fruta. Ya queda poquito y no quiero calambres como me ocurrió en el primer Festibike que me apunté justo por despreciar este último avituallamiento.

Tocaba cruzar el Guadarrama y había foto, así que a mojarse los pies y cruzar el río que llevaría unos 30-40 cm de agua con lo que tampoco te mojabas en exceso y en el fondo venía bien porque ya hacía bastante calor.


El último tramo es de Rio Chico hasta el Pinar de Navalcarbón otra vez con unos pequeños sube baja donde me paré un momento a sacar una foto de la bici en plena carrera y mandársela por Whatsapp a mis amiguetes para comentarles que ya me faltaba poco para acabar mi primera maratón en ss y seguramente con éxito.



La parte final era en ligero ascenso por asfalto que se puede atragantar si vas justo de fuerzas, pero que si la haces cómodo como era mi caso, echaba de menos algún diente de menos en el piñón.
Otra pequeña crítica es la nula información que había desde que se entraba en Monte Rozas hasta el Pinar. Yo que soy de la zona no tuve problema, pero había gente que no sabía para dónde dirigirse.
Tras unos kilómetros entre carretera y carril bici, se entra en el pinar y finaliza la carrera.
Acabo en cuatro horas y algo menos de 10 minutos, que para ir en single speed y el perfil de la prueba, con demasiada parte plana (no llegaba a 1000 m en 64 km) creo que no está mal.


Avituallamiento final con bocata incluido que aprovecho porque ya eran las dos de la tarde y “había hambre”.

Reto conseguido y próxima prueba el 27 de octubre con la Ruta Imperial de San Lorenzo del Escorial. Esta la haré con marchas porque son 70 km con un perfil mucho más duro y si las condiciones climáticas son adversas, lo puedo pasar muy mal.



Me da mucha pena quitar esta configuración. Visualmente creo que es la más bonita de las que he aplicado a la Bloom y ha sido un gustazo rodar en Singre Speed estos últimos meses, pero también empezaba a echar de menos la explosividad de las marchas y embrutecerme con las suspensiones.

Creo que acerté plenamente dándole ese carácter versátil a este cuadro que tantas satisfacciones me está dando Pero como nada es perfecto, creo que debí hacerle una cosita más que ahora echo de menos…


martes, 10 de septiembre de 2013

Only Need One

Como he dicho en alguna ocasión, una de las premisas con las que nació la idéa de la Bloom era dotarla de varsatilidad y una de las características que se buscaron fue una futura conversión en single speed o una sola velocidad.

Aprovechando que tenía la horquilla rígida Salsa y que me encontraba muy agusto con ella decidí conservarla. Además (y es opinión personal) creo que la filosofía single speed con la que más me identifico es la de sencillez. Quizá mi proyecto peque un poco de “espartano” o como la denominan algunos amigos “bicicleta Amish” pero es lo que yo considero que debe ser una single speed. Una apuesta por la estética y la sobriedad. Sin elementos que distraigan de las funciones básicas y la elegancia de la bicicleta, pero sin que por ello pierda efectividad y la capacidad de divertirme.

Al realizar la transformación, opté por mantener el juego de ruedas y utilizar un kit de conversión.
Aquí radicó mi principal duda; Qué desarrollo elegir?.

El plato estaba claro; un 32, pero el piñón al ser una 29er no tenía claro por cual decantarme. Por consejo de varias personas, opté por un 20T. Logré “agenciarme” uno prestado por un amigo y el resultado fue genial.

La transmisión se completó con el plato Race Face que tenía en la Bokor y sus tornillos rojos.
El conjunto era funcionalmente muy bueno, pero estéticamente…

En aras de esa filosofía de la sencillez y por que no admitirlo, por un poco de esnobismo puse los frenos mecánicos BB7. Es una elección correcta, pero a años luz de unos buenos hidráulicos como mis Hope.

El resultado fue el siguiente.



Aunque funcionaba muy bien, pedía a gritos una serie de cambios. El tema plato biela, no quedaba demasiado limpio y aprovechando que mis bielas son unas Sram X0 decidí poner un plato Absolute Black que visualmente es una pasada sin necesidad de araña ni nada por el estilo y tiene una virguería de mecanizado. Además va como la seda. Al principio hace un pequeño ruido, pero cuando se asienta, perfecto!!!.



El piñón tosco de prueba pasó a  ser sustituido por un Chris King de 20T. Qué puedo decir de este piñón…simplemente un espectáculo en sí mismo.



También cambié la patilla. Quité la de las marchas y le puse otra Paragon específica para Single Speed.
El funcionamiento es magnífico y creo que las características inherentes a las ruedas de 29 le van como anillo al dedo al ss (inercia, mayor perdón ante obstáculos tanto de subida como de bajada, velocidad en los descensos…).



He hecho todo tipo de rutas; desde predominantemente pisteras a trialeras y alguna de fuerte carácter endurero y siempre el desenlace ha sido el mismo; satisfacción absoluta.


Como dice un amigo mío. Si te gusta el Mountain Bike te gustará el Single speed.